Operativo policial deja 22 muertos en una favela de Río de Janeiro


Una operación para la captura de narcotraficantes de un poderoso grupo criminal dejó este martes al menos 22 muertos en un complejo de favelas en Río de Janeiro, un año después de que la acción policial más letal de la ciudad acabara con la vida de 28 personas.


La Penha, en la zona norte de Río, amaneció con el sonido de los tiros, después de que agentes de la Policía Militar entraron en el gigantesco complejo de favelas de Río en busca de líderes del grupo criminal Comando Vermelho, uno de los más importantes de Brasil junto con el Primer Comando de la Capital (PCC).


Según la Policía, los agentes fueron emboscados por los criminales durante una incursión que dejó al menos 13 víctimas mortales, entre ellas 11 civiles presuntamente sospechosos, una vecina de esta región de barriadas pobres y otra persona de la que no se tiene detalles.


Posteriormente, fuentes oficiales elevaron el número de fallecidos hasta 22, aunque algunos de ellos aún no han sido identificados.


Las víctimas fueron trasladadas a un hospital de la zona, hasta donde se desplazaron familiares para reconocer los cuerpos ya sin vida, según constató la agencia de prensa Efe.


El objetivo de la operación, según las autoridades, es intentar desarticular el Comando Vermelho, una facción "con una ideología de guerra" y que es "responsable por más del 80 % de los enfrentamientos armados" del estado de Río de Janeiro.


"Tiene una política expansionista, una ideología de guerra, de enfrentamiento. No solo contra las fuerzas policiales, sino también contra otros grupos criminales", afirmó el portavoz de la Policía Militar, Ivan Blaz.


De acuerdo con Blaz, el Comando Vermelho ha comenzado a proteger a narcotraficantes de otros estados que "dan órdenes" desde Río de Janeiro "para cometer homicidios en otras regiones" del país y que supuestamente estarían escondidos en la Vila Cruzeiro, dentro del Complejo de la Penha.


Durante la operación, que contó con blindados, fue aprehendido un "arsenal de guerra" compuesto por pistolas, 10 granadas y al menos 13 fusiles procedentes de China y Europa del Este que llegaron a Brasil mediante el tráfico internacional de armas, además de vehículos y motocicletas.


"Son armas que pueden matar a personas a larga distancia", recalcó Blaz.


En una primera reacción tras el tiroteo, Human Rights Watch (HRW) pidió una "inmediata y exhaustiva" investigación de los hechos y denunció que los habitantes de la barriada "pasaron horas aterrorizados".


"Río necesita con urgencia una nueva política de seguridad pública que no sea la bala", agregó HRW.

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